Tiembla Paenza: cuando la matemática es un artilugio

Invitado por el departamento de Epistemología de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Arjo Klamer, un profesor carismático de la Universidad de Rotterdam, aterrizó en Buenos Aires años atrás para dar una serie de charlas.

Klamer, un especialista en metodología, había escrito en la década del 80 un libro que fue muy exitoso en el ámbito académico, Conversaciones con los economistas, donde repasaba las costumbres sociales, la jerga (la llamó "Econospeak") y hasta el humor asociado a esta disciplina. Como un antropólogo que estudia a los aborígenes de una tribu de Nueva Guinea, Klamer contó que había descubierto una cualidad en el trabajo de los economistas que le resultaba muy curiosa, y que no se repetía en otras ciencias.

"Cuando uno mira la producción 'física' de otras disciplinas, por ejemplo la química, la medicina o la historia, se da cuenta de que sus escritos académicos, a nivel gráfico, son similares aun cuando se trate de investigaciones realizadas en el siglo XIX o en el XX", explicó Klamer en una entrevista. "En cambio, con la economía esto no sucede. Los papers de fines del siglo XIX estaban llenos de 'palabras', en la tradición marshalliana, donde las matemáticas estaban relegadas a las notas al pie o al apéndice final. Cincuenta años más tarde, los estudios pasan a estar repletos de números: es el reinado de los post-keynesianos, con el armado y la sofisticación de las cuentas nacionales y las regresiones con series interminables. Y a partir de los años 70 y 80, el 99% de la producción académica pasa a ser dominada por ecuaciones matemáticas, cuanto más simples y elegantes, mejor."

Para Klamer y otros estudiosos, el uso de las matemáticas en economía a menudo se vuelve excesivo e innecesario. En noviembre pasado, un experimento sorprendente, realizado por un profesor de la Universidad de Estocolmo, permitió comprobar este fenómeno. Para su estudio The nonsense math effect (El efecto matemática sin sentido), Kimmo Ericksson consultó a 200 profesores y estudiantes avanzados de distintas disciplinas sobre la calidad de dos investigaciones.

Sin sentido

En uno de ellos, seleccionado al azar, se incluía una frase de otro trabajo, que no tenía nada que ver, y una ecuación compleja sin ningún tipo de sentido. Los encuestados con estudios en ciencias sociales y humanísticas hicieron, en forma abrumadora, una mejor valoración de los papers que incluían las falsas ecuaciones.

"Desde mi punto de vista, las matemáticas son a menudo usadas en forma ilegítima -comentó Ericksson a LA NACION, por correo electrónico, esta semana-. Se recurre a ecuaciones complejas para hacer algún punto que se podría aclarar con simple lógica, o se toman en forma acrítica propiedades de un modelo matemático y se las extrapola en forma directa al mundo real.

"En economía -sigue el profesor de la Universidad de Estocolmo- esta tendencia es pronunciada, porque las matemáticas son muy valoradas y el entrenamiento en esta materia en las carreras de grado es muy malo." Erickson tiene antecedentes para respaldar lo que dice: hizo la primera mitad de su carrera en matemática pura y luego se movió a un campo multidisciplinario de sociología y antropología evolutiva.

"En el terreno de la matemática pura se espera que un trabajo sea completamente transparente para aquellos que tienen una noción básica de los conceptos matemáticos, y un árbitro que evalúa un estudio no tolerará de ninguna manera una oración oscura, cuyo significado no se entiende. Lo mismo, lamentablemente, no puede decirse de otras disciplinas, como la economía", sigue Ericksson.

Su experimento tiene un antecedente famoso. En 1996, el físico y matemático Alan Sokal saltó a la celebridad cuando armó un trabajo académico que era deliberadamente oscuro y no esencial. Lo envió a una revista de sociología prestigiosa (Social Text) y, para su sorpresa, fue publicado. Sokal demostró que aun los lectores experimentados en ciertas disciplinas no reaccionan adversamente ante términos y párrafos que no tienen ningún sentido, cuando éstos están correctamente "empaquetados" en una formalización que siga cierta etiqueta académica de la ciencia en cuestión.

El artículo absurdo de Sokal se llamó "Transgredir los límites: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica". El físico y matemático reveló el engaño en otra publicación (Lingua Franca), citando, entre otros, a Noam Chomsky para plantear que las ciencias sociales no siempre basan sus trabajos en la razón.

"Varios de mis entrevistados en el experimento fueron economistas, pero me encantaría repetir la experiencia sólo con estudiantes avanzados y profesores de esta disciplina, para determinar cuál es el grado de deificación de las matemáticas, por más que no tengan ningún sentido", concluyó Eriksson en su intercambio con LA NACION.

Su trabajo fue publicado en el número de noviembre del Judgment and Decision Making Journal, y no es el único estudio reciente que le da con un hacha a las investigaciones de los economistas, desde un punto de vista metodológico. En "Retractaciones, deshonestidad y plagio: análisis de una cuestión clave en las publicaciones académicas, y de las respuestas inadecuadas de los journals líderes de economía y negocios", los académicos Solmaz Filiz Karabag y Christian Berggren demostraron dos cosas: que hacer títulos sintéticos no es su fuerte, y que la cantidad de "erratas" o reconocimiento de errores entre economistas y expertos en negocios es bajísima, mucho menor a la de otras ciencias.

Pocas retractaciones

Entre 2009 y 2012, por ejemplo, hubo apenas seis retractaciones en publicaciones académicas de economía, un número bajísimo cuando se lo compara con otras ciencias. Una de las seis excepciones fue la del profesor de la Universidad de Zurich Bruno Frey, una estrella de la economía no tradicional, quien vivió un escándalo luego de que se descubriera que un estudio suyo que mostraba cómo los pasajeros más ricos del Titanic tuvieron más probabilidades de salvarse del naufragio era, en realidad, un plagio de otra investigación.

Pedir disculpas por errores cometidos y moderarse con el uso de ecuaciones sofisticadas no es, al parecer, una costumbre extendida entre los economistas. Matemática., ¿estás ahí?, interpela el libro de Adrián Paenza. Si fuera por Klamer, Ericksson y compañía, la respuesta sería: "Sí, pero mejor que los economistas no se enteren demasiado".

Esa costumbre de dar números

  • Uso innecesario
    Para Arjo Klamer, recurrir a la matemática en economía es muchas veces una práctica excesiva por parte de los investigadores.
  • Cambio histórico
    Hace cinco décadas, la matemática estaba relegada a un segundo plano en los trabajos de economía; hoy los números son dominantes.
  • Ejercicio con trampa
    En una investigación se les hizo leer a economistas dos trabajos: uno con una frase fuera de lugar y otro con una ecuación compleja, pero sin sentido. Se valoró mejor el segundo.
  • Sin disculpas
    Reconocer errores o, más aún, pedir perdón no parece una práctica muy usual entre los economistas. Y son muy escasas las retractaciones.

sebacampanario@gmail.com


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