La tendencia del "compre nacional" impera en Francia

PARÍS.- Desde hace una semana, los afiches monopolizan estaciones de metro y soportes publicitarios: "100% France !! La Potagère es la única marca que se compromete 100%, proponiendo la primera gama de productos comestibles fabricados exclusivamente con ingredientes franceses".

Incrédulo, el observador se pregunta por qué una sopa envasada y hecha en Francia puede ser mejor para un francés que otra fabricada en el resto de la Unión Europea (UE) o en cualquier otra parte del mundo.

Pero así es: desde que comenzó la crisis, el "made in France" se ha transformado en un exitoso argumento de venta en todos los sectores de la actividad comercial e industrial. Por su parte, los gobiernos del continente -tanto de izquierda como de derecha- no hesitan en presentar al "patriotismo económico" como el mejor remedio contra la crisis, aun cuando los responsables de la Comisión Europea lo condenen desde Bruselas.

La tendencia es tan vigorosa que la semana pasada por primera vez se organizó en París el "Salón del made in France".

"Francia hizo la primera revolución industrial y la segunda. Ahora hará la tercera en torno al made in France", declaró Arnaud Montebourg, ministro de la Reactivación Productiva (Industria).

Pocos días antes, el exuberante Montebourg se había convertido en el personaje de la semana europea al aparecer en la portada del suplemento dominical del diario Le Parisien vestido con una marinera, mientras sostenía una licuadora y lucía un reloj pulsera, ambos de fabricación francesa.

La actitud del ministro francés irritó a numerosos actores políticos europeos. "No tengo nada contra el patriotismo económico. Pero dejo de estar de acuerdo cuando se transforma en proteccionismo patriótico. La economía mundial actual supone que, para exportar más, hay que importar más", declaró el francés (y socialista) Patrick Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Desde Bruselas, el comisario europeo de Comercio, el belga Karel de Gucht, sentenció: "Montebourg es proteccionista".

Clasificada en el 15° puesto en el ranking mundial de la competitividad 2010-2011 por el World Economic Forum, Francia padece en ese ámbito serios problemas. Su déficit comercial llegó a 70.000 millones de euros en 2011, mientras que Alemania obtuvo un excedente de 150.000 millones, sobre todo en el sector industrial. Los franceses han perdido dos millones de empleos industriales en 30 años y la sangría no muestra perspectivas de invertir el rumbo.

El gobierno socialdemócrata del presidente François Hollande anunció esta semana una batería de medidas fiscales, de ayuda a las empresas y de reducción del gasto público.

Pero en un país que tiene más de 3 millones de desempleados (10,2%) y donde cada día trae un nuevo plan de despidos, la gente es sensible al patriotismo económico.

Más de 20.000 personas visitaron el Salón del made in France. Un francés de cada dos se declara dispuesto a pagar más caro para ofrecer en Navidad un regalo fabricado en el país, mientras que 78% desea que los supermercados reserven un sector exclusivo para los productos fabricados en el país, según una reciente encuesta LCI-OpinionWay.

El fenómeno no se limita a Francia. Otros países europeos e incluso Estados Unidos son escenario del fervor por el "made in" nacional.

Marca de moda chic y barata, la firma británica Topshop (grupo Arcadia) lanzó hace tres meses su primera colección efímera bautizada "made in Britain". Quince días después, estaba en ruptura de stock.

Tan vertiginoso fue el éxito que el presidente de Arcadia, Philip Green, decidió repatriar una parte de la producción del grupo a Gran Bretaña. Hasta entonces, Arcadia casi no usaba fábricas locales. Hoy hace trabajar a 47 de ellas. ¿El interés? "Una producción mucho más rápida, necesaria a los imperativos de la moda", confiesa. Sobre todo, los costos de producción son cada día más altos en China.

Como Topshop, numerosas son las empresas británicas que han redescubierto las virtudes del "made in Britain". El público responde con entusiasmo y también el gobierno.

Downing Street quiere ahora muy oficialmente "reequilibrar" la economía con más industria y más exportaciones. Porque también en Gran Bretaña el declive fue violento: ese sector pesa apenas poco más del 10% del producto bruto interno (PBI), casi dos veces menos que en 1995.

La misma tentación

Con escasas diferencias, la misma tentación de "consumir nacional" se repite en la gran mayoría de los países del bloque europeo. Al compre "made in" se agregó incluso el "coma local".

Griegos, italianos y portugueses prefieren más bien esta última opción cuando se trata de practicar el "patriotismo económico".

El tsunami "made in" también se abate sobre Estados Unidos. No solo la pasión se ha extendido a todos los círculos sociales, sino que el aumento de "orgullo nacional" alcanza a ciudades y hasta comunidades. El "made in Brooklin", por ejemplo, es un fenómeno tan consciente que cada día aparecen nuevas boutiques como By Brooklin, que solo venden productos fabricados en ese barrio de Nueva York.

Inimaginable hace unos años, una encuesta realizada hace seis meses por Unity Marketing, un grupo de asesoramiento de Pennsylvania, demostró que los productos de lujo fabricados en Estados Unidos son percibidos por las clases con mayor poder adquisitivo como de mejor calidad que los italianos y los franceses.


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