El socialismo petrolero, el signo económico del gobierno de Chávez

El presidente venezolano, Hugo Chávez, que aspira a la reelección en los comicios del 7 de octubre, aprovechó la mayor bonanza petrolera de la historia de Venezuela para ampliar el papel del Estado, debilitando al sector privado en una economía altamente inflacionaria.

Chávez ha intentado realizar un viraje económico para sacar a Venezuela del rentismo petrolero y acabar con el capitalismo, al que acusa de ser "la condena de la especie humana", para convertir al país en una potencia "en lo social, lo económico y lo político".

Pese a ello, más del 90% de los ingresos en divisas siguen procediendo de las exportaciones petroleras, casi 14 años después de su llegada al poder.

Aunque coqueteó al inicio con La Tercera Vía o el capitalismo con toque social, Chávez comenzó a promover una mayor intervención del Estado tras enfrentar en 2003 un paro petrolero de dos meses que desangró la economía de Venezuela, país con las mayores reservas de crudo en el mundo.

Un fuerte control de cambio y de los precios en productos básicos y alimentos como harina, arroz, leche y aceite, ambos aún hoy vigentes, abrieron la senda para múltiples normativas restrictivas dirigidas al sector productivo privado.

Contando con un auge en los precios mundiales de hidrocarburos, Chávez ha impulsado además desde 2004 una serie de reformas legales que le han permitido incrementar la renta petrolera por la vía de impuestos y reasumir la mayoría accionaria de los proyectos energéticos que fueron concedidos en la década de 1990 a empresas privadas nacionales y extranjeras.

Para el ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, Chávez "ha captado la renta petrolera para beneficio de nuestro país. Si no, se la hubieran llevado las transnacionales".

Los ingentes ingresos provenientes de la exportación de crudo -más de 380.000 millones de dólares desde 1999, según cifras oficiales- financian cooperativas y empresas cogestionadas y una amplia política social para atender a los más pobres, la mayoría de la población de Venezuela.

"Yo me encargo de que el ingreso petrolero vaya directo al pueblo, a la vivienda, a la salud, a la educación, a la vida", ha dicho Chávez.

Pero los petrodólares también han respaldado la ola de nacionalizaciones que han marcado los últimos años de su gobierno.

Chávez ha ordenado la toma de cerca de tres millones de hectáreas de tierras privadas y la expropiación de empresas en los sectores de hidrocarburos, electricidad, alimentos, cementero, siderúrgico, alimentario, de telecomunicaciones o bancario.

Así, la estadounidense Owens-Illinois, el español Banco Santander o los supermercados Éxito con participación accionaria francesa engrosan la lista de 1.600 compañías expropiadas, según cálculos del presidente de la patronal Fedecámaras, Jorge Botti.

El PIB de la economía venezolana, que en 1998 se ubicaba en 91.000 millones de dólares, pasó a 328.000 millones en 2011, según cifras oficiales, empujado principalmente por el incremento del gasto fiscal.

El creciente Estado chavista, que ya en 2009 alcanzaba más del 30% del PIB, ha potenciado las preocupaciones del sector privado, que ha visto amenazada por momentos su supervivencia.

"Los espacios de los medios de producción en manos privadas cada día son menos vigorosos, y, bajo el eufemismo de la propiedad social, los medios de producción van pasando gradualmente a la propiedad del Estado", señala Botti.

El modelo chavista no ha impedido, por otro lado, los altos niveles de inflación -27,6% en 2011, la más alta de la región- y la escasez puntual de algunos rubros, especialmente, alimentos, que afecta a las clases más pobres.

Además, con la moneda local sobrevaluada por el control de cambio, el país se ha vuelto más dependiente de las importaciones.

Para el economista Ángel García Banchs, el venezolano "es un modelo de reparto" porque "la renta petrolera ha sido utilizada para el consumo, para la importación con un dólar barato y para la fuga de divisas, pero no para la inversión real en infraestructura física y social".

Surfeando sobre los altos precios del petróleo, Chávez ha podido además redefinir la diplomacia de Venezuela.

Enfrentado en lo político con Estados Unidos, su principal socio comercial (en 2011 exportó un millón de barriles diarios a costas norteamericanas), Chávez ha tejido alianzas con países lejanos -pero de mayor afinidad ideológica como China e Irán- y también con Rusia, con los que ha firmado numerosos acuerdos energéticos y de defensa.

El mandatario ha promovido además iniciativas como Petrocaribe para suministrar crudo a los pequeños países vecinos con beneficios de pago o el ALBA para la colaboración económica con Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia. También vende crudo en forma preferencial a Uruguay y Paraguay, y productos refinados a Ecuador, Perú, Argentina, Chile y Brasil.

Si el presidente gana, ¿hacia dónde irá la economía del principal productor sudamericano de crudo?

Un eventual nuevo gobierno de Chávez propulsaría la transformación del sistema económico para la "transición al socialismo", fortaleciendo "la planificación centralizada" y propiciando nuevas formas de producción, según el programa para la "gestión socialista 2013-2019".


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