Una vez más, la inflación es un gran problema

Terminó un año de actividad normal para el mundo, que creció 3,3% impulsado por los países emergentes. La región se expandió a mejor ritmo. Entre los problemas económicos autogenerados en la Argentina por sucesivas distorsiones, se destaca la inflación moderada que no cede. El fenómeno de la inflación presagia años más difíciles para la macro si no se cambia el rumbo. Se siente la impotencia colectiva de no dominar la inflación y más aún cuando el Gobierno la subestima y mide mal.

La inflación promedio de los 80 y los 90 fue de 250% anual en América latina, con países como la Argentina, Bolivia y Brasil, entre otros, elevando mucho la media. En 2012 fue de 7%, observándose un cambio fundamental que muestra la relevancia de sumarnos a la conquista no utópica de la estabilidad monetaria.

El fenómeno de la inflación K fue muy bien introducido en el trabajo escrito en 2006 por Axel Kicillof y la flamante embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón. Se analizan en este paper las causas del fenómeno inflacionario y las miradas alternativas desde la ortodoxia y de la heterodoxia.

No es necesario recaudar vía impuesto inflacionario en la Argentina actual. Eso era comprensible, sin justificación, con una presión tributaria muy baja en términos del PBI a fines de los 80, pero ahora este indicador está en el promedio de países de la OCDE, en 34%, y es récord en América latina, gracias a la "aspiradora fiscal" de la AFIP y a las retenciones.

El modelo productivo que comenzó, precisamente hoy hace 11 años, se agotó en 2012. La inflación es clave para explicar el desgaste del modelo al afectar el tipo de cambio real y la pobreza, dos baluartes del esquema.

¿Estamos en un camino sin retorno? De ninguna manera. Una solución al problema del desequilibrio de precios relativos podría ser un programa integral antiinflación como la punta de lanza de una serie de correcciones y ajustes a la macro. Es bastante más que un service lo que se requiere. Es una reinvención del modelo que debe entrar en boxes, y en particular por la inflación. No hace falta pensar en este programa como un plan de estabilización a mediano plazo; podría concretarse con voluntad política en tiempos más acotados. Este plan ideal supone la necesidad de mayor independencia del Banco Central. En este sentido, la reforma de la Carta Orgánica ha sido una involución institucional según lo que estamos observando en los números fríos.

En términos de financiamiento al sector público desde el Banco Central se pasó del 0,2% del PIB en 2006 al 4% en 2012. Se ha instalado entonces un fenómeno de dominancia fiscal, típico de la época de Alfonsín en los 80. El Banco Central actual tiene varios objetivos como institución típicamente "keynesiana". Debe tenerse en cuenta que Keynes aclaró en su momento que con capacidad ociosa baja, la expansión monetaria se traslada a precios. La econometría a su vez aplicada a una serie de 180 trimestres muestra alta correlación entre dinero y precios en nuestra historia económica.

La inflación moderada, típica entre 1945 y 1975 con algunos años de excepción, puede mantenerse en el tiempo. Se puede seguir al 30% anual de inflación "sin estallar". Es un proceso lento que va acumulando distorsiones que influyen especialmente en la inversión, en el PBI potencial y en los créditos. Hay cierto riesgo de espiralización de los precios si las expectativas se formasen mirando la brecha entre el dólar oficial y el blue, y este último se disparara.

Las paritarias que se quieren negociar cerca del 20% explicitan la inflación en la que cree el Gobierno, el doble al menos que la publicada. La idea de pacto social que está flotando parece difícil de implementar, entre otras cuestiones, porque el sindicalismo está dividido, por lo que no se vislumbra una solución en este frente. A su vez, el ritmo previsto de una mayor tasa de devaluación en 2013 podrá influir en una tasa de inflación superior que reavivará la puja distributiva.

Como una solución parcial a la inflación, el Gobierno pretende en los papeles moderar el gasto en 2013 (suba nominal de 14 por ciento). Esto sería deseable pero no creíble por la propia dinámica del populismo. El populismo pide recursos para ganar en las urnas y sentar precedentes para influir en un tercer mandato como fruto de la reforma constitucional. Todavía no nos encontramos en un proceso pronunciado de caída de demanda de dinero como en 1989. M1 dividido por el PBI está en 13%, cuando en la hiperinflación este ratio fue de 1,3 por ciento. Como hecho cultural no menor, la Generación Y no conoce la alta inflación.

La inflación es el principal problema para las compañías en 2013 y el segundo en importancia, después de la inseguridad, para los argentinos. El objetivo virtuoso de la pesificación es voluntarismo puro con una inflación de 26,5% como se pronostica en el IAE para 2013. Parece razonable que se desdolaricen países como Perú, que tiene 2,5% de inflación. "¿Dónde se compran errores baratos?, los míos me han salido caros", dice Mafalda. Cristina Fernández podría plantear que le ha salido caro el error de perder en sus dos gestiones de gobierno la estabilidad lograda desde 1993 en el país, con excepción de 2002.

Hay margen para rectificar y con el nuevo rumbo, mayor poder político está disponible para el kirchnerismo.


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