Pocas diferencias fiscales entre Obama y Boehner

El líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, llega para conversar con la prensa sobre el precipicio fiscal y el llamado "Plan B", en el Capitolio, en Washington, el jueves 20 de diciembre de 2012. (Foto AP/Jacquelyn Martin)

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Nancy Pelosi, líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, habla con la prensa en el Capitoliuo sobre el abismo fiscal, el jueves 20 de diciembre del 2012, en Washington. (Foto AP/Alex Brandon)

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House Speaker John Boehner says President Barack Obama is not standing up to his fellow Democrats as the clock ticks down on the dispute over the "fiscal cliff." (Dec. 20)

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The House pushed ahead Thursday with a bill that would raise taxes on people earning over $1 million a year as hopes faded for a pre-Christmas deal between President Barack Obama and Speaker John Boehner to avert the so-called "fiscal cliff." (Dec. 20)

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WASHINGTON (AP) — A pesar de sus encendidas declaraciones sobre el precipicio fiscal, el presidente Barack Obama y el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, parecen haber reducido sus diferencias relativamente.

Entonces, ¿por qué no se han dado ya el apretón de manos? Una respuesta: Ambos necesitan mantener —o conseguir— el apoyo de sus correligionarios.

En el enfrentamiento entre los dos en torno al precipicio fiscal, Obama pretende recaudar impuestos por casi 20.000 millones de dólares más al año que Boehner. Las discrepancias entre ambos persisten en aproximadamente la misma cantidad en torno a las reducciones a los gastos del gobierno.

Esa es una cantidad alta desde donde se le vea. Sin embargo tales números son casi insignificantes comparados con los 2,6 billones de dólares que proyecta recaudar el gobierno el próximo año, y con los 3,6 billones que espera gastar.

A medida que se acerca el precipicio fiscal —un temido aumento de los impuestos a todos los estadounidenses y una reducción del gasto presupuestario a partir del primero de enero de 2013 a menos que actúen primero los legisladores— cada parte dice que la otra no está siendo suficientemente seria respecto a recortar el déficit federal.

Pero su incapacidad hasta ahora para lograr un compromiso subraya que su problema es más que aritmético: se trata también de la difícil política que enfrentan el demócrata Obama y el republicano Boehner cuando se trata de conseguir votos.

Reducido por la reelección de Obama en forma aplastante, Boehner ha violado un dogma republicano de un cuarto de siglo de existencia al ofrecer un aumento a los impuestos, incluyendo elevar las tasas impositivas a ingresos superiores a un millón de dólares anuales.

Avido de un acuerdo presupuestal que le permitiría avanzar en otros asuntos, Obama a cambio reduciría el crecimiento de beneficios del Seguro Social, algo normalmente no tolerado por los demócratas. También impondría aumento de impuestos a un grupo más amplio de contribuyentes aparte de los millonarios, aquellos con ingresos mayores a 400.000 dólares. Pero esa cifra, también, es un repliegue con respecto a las cifras que manejó en campaña: el tope de un ingreso de 200.000 dólares para individuos y de 250.000 para parejas.

Eso significa que ambos políticos han enojado a legisladores y a seguidores fieles de sus respectivos partidos, justo cuando es crucial la necesidad de retener ese apoyo.

"Cuando uno ingresa en un salón y representa a un grupo y uno tiene que ceder terreno para llegar a un acuerdo, uno debe permanecer en ese salón tanto tiempo como se pueda y uno tiene que salir con sangre en la frente", dijo Joseph Minarik, director de investigación del Comité para el Desarrollo Económico y un veterano en duras negociaciones presupuestales como asistente del gobierno de Bill Clinton y de los entonces legisladores demócratas de la cámara baja. "De otra manera, la gente que está afuera del salón no cree que uno haya peleado duro por ellos", agregó.

Sin una solución rápida a la vista, Boehner trabajó el jueves para impulsar en la Cámara de Representantes una iniciativa de respaldo que aumentaría los impuestos a la gente que gane al menos un millón de dólares, pero no a aquella que gane menos.

Sin embargo, la dificultad para lograr un consenso se hizo patente otra vez: Boehner abruptamente aplazó la votación prevista para el jueves en la noche sobre el llamado Plan B y atribuyó la decisión a una falta de apoyo entre los republicanos.

Una iniciativa separada, aprobada el jueves en la noche, reemplazaría recortes generalizados en programas de defensa y nacionales con recortes en el sistema de salud de Obama y otros programas específicos.

Economistas dicen que las decenas de miles de millones de dólares que separan las posturas del presidente y del líder republicano son algo relativamente minúsculo, especialmente cuando se compara con el tamaño de la economía de Estados Unidos, la cual supera los 15 billones de dólares anuales.

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El periodista de la Associated Press Andrew Taylor contribuyó a este reporte.


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